10 maneras de opinar sobre un escrito cuando preferirías no hacerlo

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Debbie Ridpath Ohi - I'm boredQuienes nos dedicamos a valorar manuscritos de manera profesional, en ocasiones nos encontramos con encerronas provenientes de escritores del tipo (a) sin habilidad narritava alguna pero que en el fondo nos caen bien o (b) sin habilidad narritava alguna pero que nos interesa caerles bien.

Es por ello que no podemos más que estarle agradecidos a Lizzy Cantú por ofrecernos este útil Manual de eufemismos elegantes (El Malpensante), aplicable en situaciones que requieren de una especial delicadeza a la hora de opinar:

1. Elogie el atrevimiento de perseverar en el mal gusto. “Me parece una propuesta muy valiente/joven/honesta”. Los libros de historia están llenos de audaces. Los cementerios también.

2. Sea un pacifista.“¿Por qué pelear por esto si podemos pelear por otras cosas?”.

3. La sinceridad absoluta funciona solo en términos muy generales. “Lo que más me gustó es que me hizo pensar mucho”. Después excúsese y vaya a pensar mucho en otras cosas.

4. Emplee el método de la papa caliente. “Sé de alguien a quien va a encantarle”. Después derívelo a la competencia. Funciona igual si le han mostrado un avance de un documental o lo nombraron jurado del postre que hizo su sobrina adolescente.

5. Contribuya al progreso del otro. “¿Y has pensado qué vas a hacer después de ‘esto’?”. Olvídese de aclarar que esto se refiere a la vergüenza, la infamia o la impotencia.

6. Si es necesario, recurra al autodesprecio y excúsese en la propia ignorancia o ineptitud. Francamente no siento que yo sea la persona adecuada para juzgarlo”. Para mayor credibilidad, evite el cliché “Creo que soy yo”. Pero establezca distancia. “Yo nunca podría hacer algo así”.

7. Evite dejar constancia de su juicio. “¿Te parece mejor si te llamo?”. No aplicable si le piden un prólogo, una contratapa o que sea en algún festival muy concurrido. Para esos casos, recurra a alguno de los otros mandamientos.

8. Muestre siempre genuino interés. “¿Cuánto te tardaste en terminarlo? Me interesa mucho saber cómo lo hiciste”. En algunas ocasiones puede usarse la variante psicoanalítica. “¿Por qué decidiste hacer algo así?”. Aprenda de los errores ajenos.

9. Apele al mal gusto del público para justificar una mala obra. “Creo que es para un cierto público muy selecto”. Después contextualice. “Esto en [inserte aquí una época o lugar lejano] sería perfecto”. Algunos optimistas con visión de largo plazo aprecian la incomprensión que algunas veces precede a la genialidad.

10. Rehúse dar una opinión anteponiendo un valor supremo. “¿Para qué arriesgar nuestra amistad?”. Funciona con encuentros amorosos fallidos y manuscritos de muy malas novelas. En el peor de los casos, el sujeto en cuestión preferirá conservar su amistad.

[Imagen: Debbie Ridpath Ohi en I’m bored]

Motivos por los que Paulo Coelho es tan malo y, sin embargo, vende tanto

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Ilustracion-de-Paulo-Coelho

Imaginemos que en lugar de un artículo escrito en ProDavinci, al escritor Héctor Abad Faciolince le hubiesen encargado un informe de lectura sobre las obras completas de Paulo Coelho.

Si tuviese que detenerse exclusivamente en analizar el estilo narrativo del autor brasileño aportaría -al menos- estas 4 razones para considerarlo un escritor tan malo:

  1. La ralladura sosa y rosa y empalagosa de su prosa
  2. Rudimentario en el uso del lenguaje
  3. Pobre en el pensamiento
  4. Elemental en sus recursos estilísticos

Pero como todo informe que se precie analiza a su vez el reverso oscuro del arte, y tiene muy en cuenta con el potencial comercial de una obra, sería interesante resolver la paradoja de cómo un autor con un estilo narrativo tan limitado, “vende por sí solo más libros que todos los demás escritores brasileños juntos”.

Objetivo: “tratar de descubrir en qué estrategias temáticas y narrativas podría residir su extraordinario éxito editorial”.

Y estas son las conclusiones de Faciolince que merecen una reflexión:

  1. Sus técnicas narrativas no se agotan en la simple estupidez; son algo más hábiles y algo menos burdas.
  2. Los libros de Coelho explotan hábilmente un universal humano: nuestra fascinación por los poderes de adivinación y conocimiento sobrenaturales.
  3. Le saca partido a nuestra credulidad, a nuestras debilidades y a nuestra ignorancia.
  4. El tono sapiente (de una sapiencia falsa, pero en fin) y el ambiguo lenguaje oracular se van soltando en pequeñas dosis a lo largo del libro.
  5. El pensamiento esotérico. Para volverlo doctrinalmente inofensivo, para despojarlo de todo peligro satánico, Coelho lo combina con dosis adecuadas de cristianismo tradicional: citas de la Biblia, cuadros del Sagrado Corazón de Jesús, rezos del Padrenuestro…
  6. Usa, intuitivamente y con alguna destreza, las estructuras más primitivas del cuento infantil.

Y es en este último punto en el que merece la pena detenerse, pues remite a uno de los manuales de referencia de la teoría literaria recomendable para cualquier aprendiz de narrador, tanto si ambiciona destronar a Coelho o no.

Se trata de: Morfología del cuento infantil (1928), Vladimir Propp. Y muestra, entre otras cosas, que muchas de las historias que se escriben y que leemos remiten a esquemas clásicos reconocibles y repetidos hasta la saciedad. Dicho de  a modo de filosofía de la ducha, la originalidad está sobrevalorada:

Llegará un punto en que haya tanta originalidad que, como dice Kierkegaard, sólo sea un verdadero hombre aquél que se anime a enfrentar la repetición.

Y eso sí que ha sabido hacerlo con maestría el brasileño: repetir “paso a paso las estructuras narrativas reveladas por el gran formalista ruso hace casi un siglo”. Por lo que además de una gran obra teórica, le debemos a Propp “las recetas de un gran éxito editorial“.

[Imagen: Fábio Abreu/Flickr]

Los 10 errores más comunes en la primera página de una novela

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mujer despierta

Para un ojo experto, las 10 primeras páginas de un manuscrito son decisivas para valorar el conjunto de toda una obra.

Pero, en ocasiones basta con leer la primera página para descartar por completo una novela.

Así que si quieres sortear esta humillación te recomiendo seguir los consejos de la escritora y editora Jane Friedman (algo reformulados y sintetizados) para evitar los errores más comunes que nunca deberían aparecer en la primera página de una obra:

    1. Incluir un prólogo. Funcionan más como un parche que como un estímulo.
    2. Arrancar con un monólogo interior o una reflexión. Este recurso se utiliza para presentar a un personaje que estásentado solo, poniendo en orden sus pensamientos, meditando y recordando la historia que se quiere contar. Recomendación: si tienes una historia para explicar, hazlo directamente.
    3. Excederse en las explicaciones y en los datos: “usted está tratando de seducir a su lector, no de abrumarle”. Las descripciones son necesarias, excepto si se sobrecargan de elementos.
    4. Iniciar la historia con un flashback o flashforward. Son estrategias temporales muy interesantes pero no para presentarlas como punto de partida de una trama.
    5. No empezar con un diálogo que carece de un contexto claro. Construir una caracterización mediante un diálogo está bien, pero en cualquier otro lugar que no sea la primera página.
    6. Partir de una secuencia de despertar: un personaje se levanta de la cama, se pone las zapatillas, va en dirección a la cocina, se prepara un café…
    7. Tiene su forma ampliada en el partir de la alarma del despertador o del teléfono que suena para desperatar al personaje que se levanta de la cama…
    8. Describir hasta el mínimo detalle una rutina ordinaria y habitual del personaje principal (distintas a las del momento de despertarse).
    9. Partir de un “momento de crisis”: “Cuando el médico me dijo ‘maligno’, mi vida cambió para siempre …” o “El día que mi padre nos dejó yo tenía siete años …“.
    10. Tratar de presentar y describir más de cuatro personajes en la primera página.

[Imagen: 123RF]