Contra el manto blanco… Smila y las maneras de decir nieve

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Snow Queen Kelley McMorris for Stephen PlayerNieva.

Y hay algo más previsible que las escenas de reporteros a la caza de paisajes fotogénicos bien nevados.

Lo hay.

Es escuchar o leer el desmotivador símil del manto blanco.

Aconsejo desterrar de todo intento de buena narrativa cualquier referencia retórica a mantos (blanco de nieve u otoñal de hojas secas), tapices o rebozados.

El manto blanco no sólo es un recurso limitativo, sino tremendamente sobrevalorado si tenemos en cuenta los 65.500 resultados que recoge Google Noticias informando de la irrupción de la nieve en el plano de la actualidad.

Como contraste recomiendo releer La Señorita Smila y su especial percepción de la nieve, de Peter Hoeg, por su riqueza léxica y alto poder descriptivo de los estados en que se presenta la nieve.

Me gusta “nuoska”, esa nieve ‘fina que se ha derretido un poco’ con la que se pueden hacer bolas.Y detesto, por mi tendencia a resbalarme y romperme algún hueso, el “röpelö” o ese hielo que no está liso, sino más bien desigual.

Y es que hasta 40 palabras existen para referirse a la nieve en esquimal, lapón o finés. Tiene que ver con la capacidad de percepción y el pensamiento. Así lo analiza Umberto Eco en La Cultura condiciona los colores que vemos:

los esquimales tienen aparentemente cuatro palabras para designar cuatro tipos de nieve, mientras los europeos tienen una sola palabra y consideran relevante sólo un específico estado de H2O en oposición a otros estados como hielo y agua. Por supuesto, un esquiador puede reconocer diferentes calidades de nieve, pero siempre ve y habla de la misma unidad cultural, considerada desde diferentes puntos de vista de acuerdo con ciertas necesidades prácticas. Los esquimales, en cambio, ven, perciben y piensan en cuatro cosas diferentes de la misma forma en la cual yo percibo y hablo de dos cosas diferentes cuando, pensando en esquiar en un lago, compruebo si hay agua o hielo.

En semántica —y por extensión en literatura—, cuenta y mucho la riqueza cultural para construir una cierta visión del mundo.

[Imagen vista aquí]

Preferiría no ser promocionado así

Estándar

logo_asinosepuedeEn esto del nuevo paradigma editorial, tan preocupante resulta para la visibilidad de una nueva obra que, como afirma Javier Pellicer, “muchas editoriales no inviertan equilibradamente en promoción”, como que se utilicen fórmulas que de tan usadas se pueden considerar un cliché.

Por suerte, existen multitud y 89 buenas ideas de Book Marketing llamadas a  ser implementadas por el mismo autor en beneficio de su obra. Pero también una relación peligrosa -y por tanto evitable- de Las frases más trilladas de la promoción editorial que tan acertadamente se han recopilado en el recomendable blog Devoradora de libros:

1. «No podrás parar de leer.»
Y sus derivados: «Engancha de principio a fin», «Literariamente adictivo», etc.

2. «El libro que ha conquistado a millones de lectores.»
A veces uno duda del criterio de esos millones de lectores.

3. «El acontecimiento literario del año.»
Lástima que haya tantos acontecimientos del año y al final uno ya no sepa cuál sobresale.

4. «El nuevo [nombre de autor o libro importante]».
También conocida como «Con influencias de…».

5. «No te dejará indiferente.»
Lo que sí deja indiferente es esta frase.

6. «La novela que te cambiará la vida.»
Cuando leo esta frase, pienso en Paulo Coelho. Y me asusto. Mucho.

7. «La novela que recomienda [autor importante].»
La recomendación por autoridad, un clásico.

8. «El libro en el que se basa la película […].»
El estreno como forma de promoción de un libro; no podía faltar aquí.

9. «No has leído nada igual.»
Lo que no es sinónimo de que todo lo nuevo sea bueno.

10. «Una historia sobre el valor de la amistad / del amor / de la fuerza para superar los obstáculos / etc.»
Ideas generales aplicables a tantos libros que, por eso mismo, no dicen nada de cómo son.

 

[Imagen vista en el blog de Lucía Arca]

3 clichés literarios que todo buen escritor debería evitar a toda costa

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Ventanas de Carmen QueraltNo hay recurso que más agreda la sensibilidad de un buen lector que el cliché o tópico literario. En palabras de C.S. Lewis (aunque para expresarlo desde otro enfoque): “Es como si alguien tratase de vendernos algo que no nos sirve a un precio que no queremos pagar“.

Más radical -y por lo tanto en su línea- Martin Amis ha declarado sin ambigüedades La guerra contra el cliché. Escritos sobre literatura (Anagrama). Aunque existen posiciones más moderadas entre un grupo de lingüistas que defienden su uso pues, opinan, que una escritura sin clichés seria ininteligible.

Entre una opción y otra existe un lugar intermedio en el que plantar la bandera de la cordura y recomendar esquivar, al menos, algunas situaciones que de tan tópicas pueden herir la sensibilidad del lector. Por ejemplo, estos 3 clichés literarios que todo buen escritor debería evitar a toda costa. Proceden de un decálogo propuesto por la revista Premiere que me he permitido transformar en una tríada, a fin de centrarme en las escenas más recurrentes:

1. La luz del amanecer que se filtra por las persianas: Imaginemos el escenario previo. Un hombre, una mujer. Mejor aún, el después de un tórrido y ardiente encuentro sexual de esos de sentimientos a flor de piel y cuerpos que se funden para formar uno sólo. Esa pareja despierta, agotada eso sí, acariciada por la delicada luz que (a) se introduce, (b) les descubre, (c)se filtra por las rendijas de la persiana.

Consejo para el escritor amateur: hay editoriales que les basta con toparse con esta fórmula en las primeras páginas para desechar un manuscrito por completo.

¿Alternativa?: decora la habitación del amor con stores o cortinas… impiden filtrar luz alguna por rendijas inapropiadas.

2. El secreto de familia o un trauma de la infancia: Un personaje neurótico siempre encontrará el momento inoportuno para explicar con todo lujo de detalles el material del que está construida su particular historia traumática. Ésta generalmente se engloba en las categorías (a) inmoralidades en el seno familiar (b) la pérdida de uno o, mejor, ambos padres o (c) el padre-madre que no es el verdadero padre-madre. Evidentemente, cualquiera de estos supuestos en la vida real requieren de un tratamiento delicado. Pero aquí se trata de analizar textos literarios (de ficción) y por lo tanto, desconfía de cualquier frase pronunciada por un personaje a punto de romper en llanto y que amenace con un “cuando tenía 7 años…”.

Consejo para el escritor amateur: la diferencia entre un personaje plano y otro profundo se descubre en que mientras el primero se conforma con narrar su drama particular, en el segundo nos sorprende y cautiva su capacidad para afrontar la adversidad y lograr adaptarse a las tragedias, amenazas o  reveses del destino.

¿Alternativa?: prescindir de los roles melodramáticos y construir personajes normales, pero asegúrate de que no se descubra aquello que hace que sean como son… precisamente a la manera del Bartleby de Melville.

3. Los personajes amnésicos, perdidos y artificialmente alterados: Por cada amnésico diagnosticado en la vida real, los hospitales literarios se ven desbordados atendiendo a  centenares de ellos. Son casos clínicos producidos por (a) comportamientos extremados que llevan a olvidar bien la noche anterior o la vida entera, (b) personajes que llevaban años desaparecidos y han olvidado el motivo de su huída y deben  comenzar desde cero, (c) consumidores de drogas vintage o de diseño y que transforman de forma inesperada su comportamiento.

Consejo para el escritor amateur: Técnicamente este recurso funciona como una “elipsis” narrativa o temporal, no deja de ser como un paréntesis en la historia que ayuda a avanzar en el relato o a generar tensión y misterio. Sin embargo, esta técnica se convierte en un cliché cuando se usa para ocultar un agujero en la narración.

¿Alternativa?: Obligar a los personajes a ejercitar su memoria, ya sea resolviendo sudokus en el excusado o jugando online al ‘apalabrados’ -y similares- desde sus smartphones de última generación.

[Imagen: Carmen Queralt en Ventanas]

10 maneras de opinar sobre un escrito cuando preferirías no hacerlo

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Debbie Ridpath Ohi - I'm boredQuienes nos dedicamos a valorar manuscritos de manera profesional, en ocasiones nos encontramos con encerronas provenientes de escritores del tipo (a) sin habilidad narritava alguna pero que en el fondo nos caen bien o (b) sin habilidad narritava alguna pero que nos interesa caerles bien.

Es por ello que no podemos más que estarle agradecidos a Lizzy Cantú por ofrecernos este útil Manual de eufemismos elegantes (El Malpensante), aplicable en situaciones que requieren de una especial delicadeza a la hora de opinar:

1. Elogie el atrevimiento de perseverar en el mal gusto. “Me parece una propuesta muy valiente/joven/honesta”. Los libros de historia están llenos de audaces. Los cementerios también.

2. Sea un pacifista.“¿Por qué pelear por esto si podemos pelear por otras cosas?”.

3. La sinceridad absoluta funciona solo en términos muy generales. “Lo que más me gustó es que me hizo pensar mucho”. Después excúsese y vaya a pensar mucho en otras cosas.

4. Emplee el método de la papa caliente. “Sé de alguien a quien va a encantarle”. Después derívelo a la competencia. Funciona igual si le han mostrado un avance de un documental o lo nombraron jurado del postre que hizo su sobrina adolescente.

5. Contribuya al progreso del otro. “¿Y has pensado qué vas a hacer después de ‘esto’?”. Olvídese de aclarar que esto se refiere a la vergüenza, la infamia o la impotencia.

6. Si es necesario, recurra al autodesprecio y excúsese en la propia ignorancia o ineptitud. Francamente no siento que yo sea la persona adecuada para juzgarlo”. Para mayor credibilidad, evite el cliché “Creo que soy yo”. Pero establezca distancia. “Yo nunca podría hacer algo así”.

7. Evite dejar constancia de su juicio. “¿Te parece mejor si te llamo?”. No aplicable si le piden un prólogo, una contratapa o que sea en algún festival muy concurrido. Para esos casos, recurra a alguno de los otros mandamientos.

8. Muestre siempre genuino interés. “¿Cuánto te tardaste en terminarlo? Me interesa mucho saber cómo lo hiciste”. En algunas ocasiones puede usarse la variante psicoanalítica. “¿Por qué decidiste hacer algo así?”. Aprenda de los errores ajenos.

9. Apele al mal gusto del público para justificar una mala obra. “Creo que es para un cierto público muy selecto”. Después contextualice. “Esto en [inserte aquí una época o lugar lejano] sería perfecto”. Algunos optimistas con visión de largo plazo aprecian la incomprensión que algunas veces precede a la genialidad.

10. Rehúse dar una opinión anteponiendo un valor supremo. “¿Para qué arriesgar nuestra amistad?”. Funciona con encuentros amorosos fallidos y manuscritos de muy malas novelas. En el peor de los casos, el sujeto en cuestión preferirá conservar su amistad.

[Imagen: Debbie Ridpath Ohi en I’m bored]

Motivos por los que Paulo Coelho es tan malo y, sin embargo, vende tanto

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Ilustracion-de-Paulo-Coelho

Imaginemos que en lugar de un artículo escrito en ProDavinci, al escritor Héctor Abad Faciolince le hubiesen encargado un informe de lectura sobre las obras completas de Paulo Coelho.

Si tuviese que detenerse exclusivamente en analizar el estilo narrativo del autor brasileño aportaría -al menos- estas 4 razones para considerarlo un escritor tan malo:

  1. La ralladura sosa y rosa y empalagosa de su prosa
  2. Rudimentario en el uso del lenguaje
  3. Pobre en el pensamiento
  4. Elemental en sus recursos estilísticos

Pero como todo informe que se precie analiza a su vez el reverso oscuro del arte, y tiene muy en cuenta con el potencial comercial de una obra, sería interesante resolver la paradoja de cómo un autor con un estilo narrativo tan limitado, “vende por sí solo más libros que todos los demás escritores brasileños juntos”.

Objetivo: “tratar de descubrir en qué estrategias temáticas y narrativas podría residir su extraordinario éxito editorial”.

Y estas son las conclusiones de Faciolince que merecen una reflexión:

  1. Sus técnicas narrativas no se agotan en la simple estupidez; son algo más hábiles y algo menos burdas.
  2. Los libros de Coelho explotan hábilmente un universal humano: nuestra fascinación por los poderes de adivinación y conocimiento sobrenaturales.
  3. Le saca partido a nuestra credulidad, a nuestras debilidades y a nuestra ignorancia.
  4. El tono sapiente (de una sapiencia falsa, pero en fin) y el ambiguo lenguaje oracular se van soltando en pequeñas dosis a lo largo del libro.
  5. El pensamiento esotérico. Para volverlo doctrinalmente inofensivo, para despojarlo de todo peligro satánico, Coelho lo combina con dosis adecuadas de cristianismo tradicional: citas de la Biblia, cuadros del Sagrado Corazón de Jesús, rezos del Padrenuestro…
  6. Usa, intuitivamente y con alguna destreza, las estructuras más primitivas del cuento infantil.

Y es en este último punto en el que merece la pena detenerse, pues remite a uno de los manuales de referencia de la teoría literaria recomendable para cualquier aprendiz de narrador, tanto si ambiciona destronar a Coelho o no.

Se trata de: Morfología del cuento infantil (1928), Vladimir Propp. Y muestra, entre otras cosas, que muchas de las historias que se escriben y que leemos remiten a esquemas clásicos reconocibles y repetidos hasta la saciedad. Dicho de  a modo de filosofía de la ducha, la originalidad está sobrevalorada:

Llegará un punto en que haya tanta originalidad que, como dice Kierkegaard, sólo sea un verdadero hombre aquél que se anime a enfrentar la repetición.

Y eso sí que ha sabido hacerlo con maestría el brasileño: repetir “paso a paso las estructuras narrativas reveladas por el gran formalista ruso hace casi un siglo”. Por lo que además de una gran obra teórica, le debemos a Propp “las recetas de un gran éxito editorial“.

[Imagen: Fábio Abreu/Flickr]

Los 10 errores más comunes en la primera página de una novela

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mujer despierta

Para un ojo experto, las 10 primeras páginas de un manuscrito son decisivas para valorar el conjunto de toda una obra.

Pero, en ocasiones basta con leer la primera página para descartar por completo una novela.

Así que si quieres sortear esta humillación te recomiendo seguir los consejos de la escritora y editora Jane Friedman (algo reformulados y sintetizados) para evitar los errores más comunes que nunca deberían aparecer en la primera página de una obra:

    1. Incluir un prólogo. Funcionan más como un parche que como un estímulo.
    2. Arrancar con un monólogo interior o una reflexión. Este recurso se utiliza para presentar a un personaje que estásentado solo, poniendo en orden sus pensamientos, meditando y recordando la historia que se quiere contar. Recomendación: si tienes una historia para explicar, hazlo directamente.
    3. Excederse en las explicaciones y en los datos: “usted está tratando de seducir a su lector, no de abrumarle”. Las descripciones son necesarias, excepto si se sobrecargan de elementos.
    4. Iniciar la historia con un flashback o flashforward. Son estrategias temporales muy interesantes pero no para presentarlas como punto de partida de una trama.
    5. No empezar con un diálogo que carece de un contexto claro. Construir una caracterización mediante un diálogo está bien, pero en cualquier otro lugar que no sea la primera página.
    6. Partir de una secuencia de despertar: un personaje se levanta de la cama, se pone las zapatillas, va en dirección a la cocina, se prepara un café…
    7. Tiene su forma ampliada en el partir de la alarma del despertador o del teléfono que suena para desperatar al personaje que se levanta de la cama…
    8. Describir hasta el mínimo detalle una rutina ordinaria y habitual del personaje principal (distintas a las del momento de despertarse).
    9. Partir de un “momento de crisis”: “Cuando el médico me dijo ‘maligno’, mi vida cambió para siempre …” o “El día que mi padre nos dejó yo tenía siete años …“.
    10. Tratar de presentar y describir más de cuatro personajes en la primera página.

[Imagen: 123RF]